Vaca Gorda existe

domingo, enero 29, 2012

SANTO DOMINGO. "Ella tiene cierto movimiento de cadera, aunque intente no encuentro la manera de que no me afecte el ver cómo se mueve..." El reggaetón del dúo colombiano Ray & Tobi culebrea por la pequeña sala del estudio Dance Fit. Es pegajoso, cadente, sensual.
Seis tubos se sostienen entre suelo y techo. Patricia, la profesora, ha mostrado los pasos a copiar. La exhibición es un atentado a la ley de gravedad: mano derecha en el tubo, una vuelta, afirmar la izquierda y levantar ambas piernas en reversa para girar hacia atrás. Las cuatro mujeres que la miran hacen el intento. Uno, dos, tres, cuatro, y una vuelta en el tubo que -¡sorpresa!- gira por sí mismo. La fotógrafa parece agarrar la técnica a la primera.
- Yo pienso que con la música lenta me canso más. Me sale la timidez, como que me van a ver más enfocado todo -ha dicho antes, cuando todas han opinado acerca del ritmo ideal para hacer pole dance.
- Probemos este reggaetón -ha propuesto otra-. Se lo escuché a mis hijos y dije "a ver, yo quiero eso para mi curso". Y lo copié en mi Ipad.
Es el ritmo que ahora se mete en las venas de las mujeres del estudio Dance Fit. Están en el nivel 2, lo que significa que dominan los pasos y giros básicos. De actitud, parecen del nivel más alto. Postura recta, tacos altos -"tienen que usarlos desde un principio porque con ellos van a bailar", ha explicado Gianna Marra, la dueña del local-, y cada paso con cadencia de caderas, están lejos de la timidez con que muchas llegan a consultar. "Vienen como que es una vaina secreta", cuenta Marra, "como que te dicen bajito ‘yo quiero saber de la clase de tubo".
Este grupo no tiene nada de tímido, al menos en lo que a baile se refiere. Las cuatro mujeres son amigas, y juntas decidieron tomar clases. Todas tienen pareja, y la mayoría tiene hijos. ¿Que si le han bailado al marido? "No todavía, primero quiero que me salga bien", dice la misma que más tarde pedirá a la profesora:
- Mira, ¿y vamos a practicar con la silla? Porque la silla la puedes usar en cualquier lado. Yo quise practicar en la cama, pero ahí no puedes hacer mucho.
Aparecen las sillas. Suena "Nasty, Naughty boy" en la empalagosa voz de Christina Aguilera. Y comienza la acción.

 
Una nueva disciplina
De los tres centros visitados para este reportaje, el que lleva más tiempo impartiendo clases de pole dance tiene seis meses. El interés por el curso ha sido transversal: todas las dueñas coinciden en señalar que su clientela es variada, de entre 25 y 55 años, mayormente profesional y por lo general, casada.
En la clase de tubo que suena en el alto y rosado salón de Iron Flower Studio -que imparte además otras disciplinas-, hay una sicóloga, una abogada, una arquitecta, una doctora y una laboratista. La menor, de 21 años, es la que más sensualidad le imprime al baile. Llevan recién cinco clases, pero están felices:
- Detesto el gimnasio y necesitaba ponerme en forma. Es que soy una couch potato -se ríe una rubia-. Esta opción me parecía atractiva, entonces la probé. Me encantó. La primera vez, al día siguiente no me podía mover.
El baile en el tubo es un ejercicio muy completo. No solo trabaja toda la musculatura del cuerpo, sino que también la flexibilidad. Cualquiera que haya tomado una hora de clases puede certificar que a la mañana siguiente, no hay músculo que no recuerde.
En Iron Flower, no todos los tubos giran. "Necesitamos que aprendan primero en fijos, más adelante pueden utilizar el resto", explica Carolina Rojas, la dueña. Cada detalle ha sido planificado: la altura de la sala, la variedad de tubos, la capacitación en prevención de accidentes. Las clientas han llegado básicamente a través del voz a voz:
- Mi hija de 13 años, que sigue a Stephanie (la profesora) me contó de esta clase. ¡Y así llegué! -se ríe una.
 
Por mí, y por nadie más
El grupo que baila y el otro que espera en el Butterfly Fitness son los más jóvenes del recorrido. En sus veinte, aseguran que buscan en esto una forma de entrenamiento.
- Yo soy bailarina de ballet y tenía que buscar otro ejercicio. Esto me entrena el tronco superior del cuerpo, y no quería levantar pesas porque es muy aburrido -cuenta una muchacha de 25 años. Incluso ha encargado un tubo al centro para poner en casa. El costo es de 7 mil pesos con instalación incluida.
- Es algo inusual, que te trabaja el cuerpo y el autoestima -agrega otra, de 26 años. Tanto mejora el autoestima, cuentan, que las mujeres llegan "visitiendo leggings a la rodilla, y terminan con pantaletas doradas, muy cortas".
Yitzak Landolfi, la dueña, cuenta que a veces vienen maridos a pagar la clase. "Cuando ven que no es ‘una vaina de cueros' y que son mujeres como cualquier otra, se tranquilizan". ¿Estarán felices los maridos, entonces? "Depende. Es que las clientas vienen por ellas, no necesariamente para bailarle al esposo". Y una de sus alumnas de más larga data lo confirma:
- No busco lo erótico. No estoy aquí para bailarle a un hombre. Lo veo como una gimnasia artística, que se ha transformado en un vicio para mí.
Y la música resuena con la electricidad del dúo LMFAO y su "I'm sexy and I know it".
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