Después de casi tres horas en exhibición de sus destrezas de nadador que le permitían evadir la persecución, se entregó luego que le garantizaran su integridad física.
Los supuestos delincuentes intentaron la acción vandálica a eso de las 2:30 de la tarde, según testigos. No les fue posible materializar su hazaña porque una persona gritó ¡un ladrón, un ladrón! Esa exclamación alarmó a los 3 presuntos malhechores que después de desarmar el vigilante de la sucursal huyeron con dos mil pesos en efectivo que llevaba consigo un cliente.
A seguidas, uno de los tres encendió un vehículo Honda Accord, de placa desconocida y escapó del escenario. Los otros dos intentaron lanzarse al mar Caribe, pero Morillo no logró la hazaña.
La Policía fracasó en varios intentos de comunicarse con una lancha de la Marina de Guerra. A tres buzos que aparecieron en el escenario se les ordenó ir detrás del supuesto asaltante, pero a pocos segundos de lanzarse al agua desobedecieron el mandato y tomaron otro rumbo.
Jorge García seguía en el agua. La Policía no tenía medios para ir por él. La única opción razonable era esperar que el joven se ahogara o que decidiera salir por su cuenta, como lo hizo después de mofarse de los agentes que lo apuntaban con armas largas.
Al menos 15 minutos tardó García para dejarse capturar por los agentes, no sin antes negociar su integridad física y que el coronel Francisco Aquino, quien dirigió la operación, se comprometiera ante los periodistas que no lo matarían.
“Yo me lancé a las 11:00 de la mañana por problemas con mi familia. De repente veo un reguero de policías en la orilla. Me apuntan y me dicen que salga. Yo sin saber nada”, narró Jorge en su defensa, quien aclaró que no salió por temor a que “lo confundieran” con un delincuente.
Una vez en tierra firme, los agentes le llevaron hasta una de las patrullas. La multitud le gritaba ¡Marcos, Marcos!
Se presume que el calificativo se lo dieron en comparación con el nadador dominicano Mracos Díaz, quien ha roto varios records por nado a distancia y cuya especialidad es la resistencia en aguas abiertas.
Pescador?
Al contrario, su compañero de fechorías Esmeraldo Morillo le desmintió. “Yo entré al sitio con un puñal. José era el chofer y él -Jorge- cargaba una pistola. Cuando gritaron que había un ladrón salí corriendo y vi cuando José se marchó en el carro. Corrimos para tirarnos al mar, pero la gente me agarró”.
Narra que la multitud enfurecida le propició varios golpes con machetes, piedras y otros objetos que no logró identificar. Al momento de emitir su versión la sangre le corría desde la cabeza y pedía a los agentes lo llevaran a un centro de salud cercano porqu se desmayaba.
Se definió como un albañil, pero que su madre está muy enferma y al no tener recursos para ayudarla se involucró la acción bandálica que casi concluye con su muerte.
La versión de los testigos
Para Juan Torres Fabián este ha sido el día más tétrico de su vida. No ha cumplido una semana laborando como vigilante de seguridad en esa sucursal de la CAASD y vivió “los segundos más espantosos que he pasado”.
“Pensé que me iban a matar porque trabajo pa' echa pa' lante y no quiero morir ahora”, expresó desconcertado Torres Fabián.
Otro que vivió segundos decisivos fue Omar Pujols, quien inmediatamente notó que se trataba de un asalto se tiró al suelo y entregó los únicos dos mil pesos que llevaba consigo para pagar su tarifa del servicio de agua.
“Se volaron por el mostrador de la empleada e intentaron sacar el dinero de la caja registradora, pero al escuchar fuera el grito de auxilio no sacaron nada y salieron corriendo”, cuenta Pujols, quien espera le devuelvan los dos mil pesos que llevaba consigo al momento del asalto.
Al frente de la CAASD se encuentra la peluquería de Jonny Batista, quien identificó a Jorge García como uno de los tres asaltantes que intentaron robar frente a su negocio.
Agregó que los tres hombres llevaban puestas gorras que le cubrían gran parte de la cara.
Valentín Ramos, vocero de la CAASD, llamó a El Gobierno de la Tarde y confirmó que los asaltantes no lograron llevarse dinero de la sucursal, aunque sí despojaron de su arma de reglamento al oficial de seguridad que lo custodiaba.
Durante las tres horas que Jorge García nadó en el mar no apareció siquiera un salvavidas con el que se le siguiera para rescatarle. Tres buzos se mojaron, pero inmediatamente se marcharon del lugar porque, según ellos, desconocían si el nadador estaba armado.
Insistente y frustrante fue el llamado de parte de los agentes a los bomberos y la Marina de Guerra para que enviaran una lancha, pero nunca llegó.
Después que Jorge se entregó se cerró el telón. Todos se marcharon: periodistas, policías y espectadores. Ya despejado el entorno, a lo lejos se vio llegar un bote de la Marina que se acercaba.
También llegaron unidades caninas en busca de armas perdidas o algunas sustancias narcóticas que los malhechores llevaran consigo al momento del frustrado asalto.
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